Mission Statement (español)
Over the last decade, powerful protests and rebellions, on the one hand, and the vicious cruelty of those in power, on the other, have laid bare the American nightmare that so many people are subjected to. Police brutality and the police murder of Black and oppressed people continue at epidemic proportions, even after promises of reform and the election of “progressive” district attorneys. Over two million people languish in prisons and jails today after Republican and Democratic administrations spent decades targeting Black and other oppressed people for punishment and imprisonment. Immigrants continue to be exploited in essential jobs, detained and deported, and vilified by a virulent anti-immigrant racism. American patriarchy, whether in the form of Christian fundamentalism, rape culture, or crass objectification, continues to subject women and LGBTQ people to subjugation, discrimination, and violence. And American empire rains down death and destruction on the world in the form of drone strikes and support for oppressive regimes, with the danger of future wars on the horizon.
On top of these and other longstanding injustices, we confront sharpening existential crises. Capitalism-created climate change intensifies hurricanes, floods, and wildfires that destroy homes and lives while threatening the existence of humanity. The oil industry has become the driving force in the United States’ longstanding theft of Indigenous land. Gentrification is displacing working-class people from their homes and destroying Black, Latino, and immigrant neighborhoods. The growing ranks of homeless people are left to fend for themselves, or, worse yet, pushed off the ground they sleep on when it catches the eyes of real estate developers. People are struggling to pay rent, put food on the table, pay off debt and student loans, and get decent healthcare, with the government’s (mis)handling of the COVID-19 pandemic only making these struggles all the more difficult. A massive fascist social base amped up during Trump’s presidency continues to rally in the streets and commit violence in the name of white supremacy. And the warped culture of American social relations continues to give rise to mass shootings, often driven by fascist ideology.
Our starting point for stopping any of these injustices must be to organize sustained and audacious resistance based among the people under attack and uniting all who can be united. It’s only when we dare to struggle that we can win victories and get a taste of our potential collective power. Dare to Struggle is a multinational organization open to anyone who wants to resist and stop injustice no matter who holds political office. We don’t lobby politicians. We don’t use insular activist lingo. We don’t chase social media fame. We don’t seek careers or corporate sponsorship through activism. We’re committed to standing with the people subjected to the horrors of the American nightmare. We go to the neighborhoods facing police brutality, ICE raids, poverty, and evictions, talk to people about the problems they face, and organize people in collective struggle. We know that radical change only happens when people step outside of routine protest or expecting politicians to do it for us and take bold, collective action.
Declaración de Misión
En la última década, poderosas protestas y rebeliones por un lado, y, por el otro, la crueldad viciosa ejercida por los que ejercen el poder, han puesto en evidencia la pesadilla estadounidense a la que tantas personas están expuestas. La brutalidad policial que llega hasta asesinar a negros y oprimidos alcanza las proporciones de una epidemia, incluso tras las promesas de reforma y elección de fiscales de distrito “progresistas”. Más de dos millones de personas sufren hoy en prisiones como resultado de décadas de trato discriminatorio de administraciones republicanas y demócratas en contra de los negros y otros oprimidos para castigarlos y encarcelarlos. A pesar de desempeñar labores esenciales para la economía y la sociedad, los inmigrantes continúan siendo explotados, detenidos, deportados y denigrados de manera virulenta a través de un racismo anti-inmigrantes. El patriarcado estadounidense, sea bajo la forma de fundamentalismo cristiano, sea como cultura de violación o grosera cosificación, continúa subyugando, discriminando y violentando tanto a las mujeres como a la comunidad LGBTQ Y el imperio estadounidense siembra muerte y destrucción en el mundo con sus ataques con drones y apoyando a regímenes opresores, con el consiguiente peligro de futuras guerras en cierne.
Además de éstas y otras injusticias de larga data, nos enfrentamos a crisis existenciales cada vez más graves. El cambio climático generado por el capitalismo intensifica huracanes, inundaciones e incendios forestales que destruyen hogares y vidas amenazando la existencia misma de la humanidad. Es la industria petrolera la que está hoy impulsando en Estados Unidos el robo de tierras indígenas. La gentrificación está desplazando a la case obrera de sus hogares y destruyendo los barrios en los que viven negros, latinos e inmigrantes. Aumenta el número de personas sintecho totalmente libradas a sí mismas o, peor aún, hasta se las echa de su solar cuando éste provoca la codicia de los promotores inmobiliarios. La gente a duras penas alcanza a pagar el alquiler, comprar comida, pagar sus deudas y los préstamos estudiantiles y acceder a una atención médica básica decente. El (mal) manejo de la pandemia de COVID-19 complicó aún más el logro de esas necesidades básicas. Una base social fascista masiva alentada durante la presidencia de Trump continúa manifestándose de manera violenta en las calles en nombre de la supremacía blanca. Y la cultura deformada de las relaciones sociales estadounidenses sigue dando lugar a tiroteos masivos, a menudo inspirados por una ideología fascista.
Nuestro punto de partida para acabar con cada una de estas injusticias debe ser organizar una resistencia sostenida y audaz basada en las comunidades que están siendo atacadas y uniendo a todos los que puedan sumarse. Sólo cuando nos atrevemos a luchar podemos alcanza victorias y demostrar el potencial de nuestro poder colectivo. Atrévete a Luchar es una organización multinacional abierta a todos los que quieran resistir y luchar contra la injusticia, independientemente de quién gobierne. No cabildeamos para presionar a los políticos. No recurrimos a una jerga activista insular. No perseguimos la fama en las redes sociales. No buscamos hacer carrera o el patrocinio corporativo a través del activismo. Estamos comprometidos en apoyar a las personas sometidas a los horrores de la pesadilla estadounidense. Vamos a los barrios que enfrantan brutalidad policial, redadas de ICE, pobreza y desalojos, hablamos con la gente sobre los problemas que enfrentan y ayudamos a que la gente se organice en una lucha colectiva. Sabemos que el cambio radical sólo ocurre cuando la gente sale de la rutina de la protesta o deja de esperar que los políticos lo hagan por nosotros. Sólo tomando una acción colectiva decisiva se logra un cambio radical.
